HISTORIA
El nacimiento de un icono
Hay una historia que huele a azúcar y mar, a conventos con vistas a la costa Amalfitana y a tiendas iluminadas en el corazón de Nápoles.
En el siglo XIX, el pastelero Pasquale Pintauro, según la tradición, tras aprender el secreto de este postre rico y fragrante de su tía, abadesa del Convento de Santa Rosa, decidió llevarlo a la ciudad. Abrió su tienda en la vía Toledo y transformó una receta de convento en un símbolo popular: la sfogliatella napolitana.
Así nació la sfogliatella tal y como la conocemos hoy.
Y nació un nombre destinado a convertirse en leyenda.
Desde entonces, Pintauro no ha sido solo una pastelería.
Se ha convertido en una referencia, una cita, un ritual.
«¡Pintauro está abarrotada!»
«Pintauro vibra».
Dichos que han entrado en el lenguaje cotidiano, como si ese horno formara parte del propio carácter de la ciudad.
Han pasado generaciones frente a esos escaparates: el «bullicio» del Jueves Santo, las manos espolvoreadas con azúcar glas, una sfogliatella caliente compartida a lo largo de la vía Toledo, un rustico, una galleta de cereza negra, la pastiera navideña.
Para preservar este legado, con el tiempo, mujeres y hombres que han vivido el local como un hogar. Doña Elvira María Di Marco, una de las últimas propietarias, recordada por su atención a un reputación y a su clientela. Y luego, Peppe Tomei, que desde 1986 hasta 2024 fue mucho más que un rostro tras ese mostrador: era su corazón, su sonrisa diaria, una presencia que se volvió familiar y un recuerdo vivo de ese lugar y de una multitud que lo llenaba sin tregua, como una ola continua de voces, manos extendidas y expectativas compartidas.
Pintauro es una historia
que continúa.
Hoy, junto a Francesco, su esposa Simona y su socio Davide, la Pasticceria Pintauro 1785 adquiere nueva fuerza y nuevo impulso, preservando el legado de ayer y transformándolo, día tras día, en una pasión compartida con el mismo aroma de siempre.